miércoles, 25 de abril de 2007

Mis Cartas Felipe

Poema:
Pablo Neruda
El General Franco en los Infiernos
Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente
En un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,
Ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con
Voz de mujer muerta te escarbe la barriga
Buscando una sortija nupcial y un juguete de niño
Degollado, serán para ti sino una puerta oscura, arrasada.
En efecto.
De infierno a infierno, ¿Qué hay? En el aullido de
Tus legiones, en la santa leche
De las madres de España, en la leche y los senos pisoteados
Por los caminos, hay una aldea más, un silencio más, una
Puerta rota.
Aquí estas. Triste párpado, estiércol
De siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo,
Cifra de traición que la sangre no borra. Quien, quien eres,
Oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra,
Oh mal nacida palidez de sombra.
Retrocede la llama sin ceniza,
La sed salina del infierno, los círculos
Del dolor palidecen.
Maldito, que sólo lo humano te persiga,
Que dentro del absoluto fuego de las cosas,
No te consumas, que no pierdas
En la escala del tiempo, y que no te taladre
El vidrio ardiendo ni
La feroz espuma.
Solo, solo, para las lágrimas todas reunidas, para una
Eternidad de manos muertas
Y ojos podridos, solo en una cueva
De tu infierno, comiendo silenciosa pus
Y sangre por una eternidad maldita y sola.
No mereces dormir aunque sea clavados de alfileres los ojos:
Debes estar despierto, General, despierto eternamente entre
La pobredumbre de las recién paridas,
Ametralladas en Otoño. Todas, todos los tristes niños
Descuartizados, tiesos, están colgados, esperando en tu infierno
Ese día de fiesta fría: tu llegada.
Niños negros por la explosión, trozos rojos de seso,
corredores de dulces intestinos,
Te esperan todos, todos, en la misma actitud
De atravesar la calle, de patear la pelota,
De tragar una fruta, de sonreír o nacer.
Sonreír. Hay sonrisas
Ya demolidas por la sangre
Que esperan con dispersos dientes exterminados y mascaras
De confusa materia, rostros huecos
De pólvora perpetua, y los fantasmas
Sin nombre, los oscuros
Escondidos, los que nunca salieron de su cama de escombros.
Todos te esperan para pasar la noche. Llenan los corredores
Como algas corrompidas.
Son nuestros, fueron nuestra carne, nuestra salud, nuestra paz de herrerías, nuestro océano de aire y pulmones. A través de ellos
Las secas tierras florecían.
Ahora, mas allá de la tierra, hechos sustancia
Destruida, materia asesinada, harina muerta, te esperan en tu infierno.
Como el agudo espanto o el dolor se consumen, ni espanto ni dolor te aguardan. Solo y maldito seas, solo y despierto seas entre todos los muertos,
Y que la sangre caiga en ti como la lluvia,
Y que un agonizante río de ojos cortados
Te resbale y recorra mirándote sin término.

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